domingo, 23 de marzo de 2014

SER "LA SEÑO"...Cuando trabajar, es un modo de estar...

Un lunes cualquiera, compartí de forma espontánea con los niños de mi clase de 2 años cómo me sentía, quizá de forma inconsciente quise disculparme anticipadamente por si en esa jornada que comenzaba no era capaz de estar a la altura.

Considero también, en contra de lo que puedan opinar aquellos profesionales rígidos y asustados, que verbalizar de forma natural lo que acontece en nuestro interior al grupo, es una buena manera de crear complicidad y cercanía, además de darles la pista y la tranquilidad de que ellos pueden hacer lo mismo, la certeza de que las emociones tienen cabida en estas cuatro paredes, sean buenas, malas o regulares...

-Ay chicos!- hoy estoy muy cansadica, no tengo ni pizquica ganas de trabajar....

Se oyó entonces la vocecita de una niña de tres años recién cumplidos:
-¿Dónde trabajas Vanessa?

De repente... el cansancio fue sustituido por una sensación maravillosa, no sólo de querer hacer, sino de querer hacer bien.
Claro que no pude reprimir una gran risotada, la situación lo requería...
_¿Cómo que dónde trabajo? Pues en la guarde!!!
Me miró extrañada como que no entendía muy bien....y yo me alegré por ello, ya tendrá tiempo de entender...

El día a día en la Escuela Infantil, es una fuente inagotable de emociones recién nacidas, no solo para los niños, sino también para las educadoras que, en ocasiones nos dejamos llevar por nuestra niña interior disfrutando y permitiéndole jugar, y en otras ocasiones, nos toca lidiar con esa misma niña que entra en juego sin pedir permiso e imponiendo sus propias reglas...

Risas, lloros, enfados, cacas, juego, frustración, abrazos, ruido, galletas, caricias, chichones, besos, mocos, cuerpo, deseo, placer, palabras que sostienen, sonrisas que acunan, esperanzas y sueños.....todo ello y mucho más se entremezcla formando un remolino de afectos.

En esta suma de cursos que llevo acompañando a los niños en su propio crecimiento, he presenciado momentos y situaciones realmente conmovedoras y emocionantes, gracias a ello, yo voy cada día, añadiendo también algún que otro centímetro a mi estatura emocional.
Pero posiblemente, la inocente pregunta de esta niña, ha conseguido ir más allá, despertando el deseo, no sólo de abrir mi caja mágica, aquella en la que guardo las cosas importantes que considero un placer atesorar, sino en disfrutar al mostrar  y compartir su contenido con los demás...

y así todo revuelto es lo que me he encontrado en su interior...

el placer de estar y las ganas de ser mejor...

... el compromiso de permanecer y sostener sus miradas curiosas

... la responsabilidad de construir bonitos castillos con fuertes cimientos, que no derrumbe ni la tempestad más terrible..

... el deseo de adornar sus corazoncitos con lazos de colores …

la oportunidad de ofrecerles lo mejor de mí..

... el empeño por aprender a tolerar mis errores...y dejarles a ellos errar...

...la idea de que ser “su seño” es un parentesco más...quizá el más cercano a ser mamá (con todo lo que eso supone...)

que no entienden de salarios ni de horarios... ¡y ni falta que les hace!...pero si entienden de miradas y de permisos...el permiso de ser ellos mismos...

la certeza de que crecen sintiendo que lo mío no es trabajar, lo cual me llena de 
satisfacción.

...las lecciones sobre la vida y sobre el ser humano que me regalan a cada momento...

...la capacidad que tienen para dejarme con la boca abierta cuando les observo sin intervenir en sus juegos, dejándome llevar por el placer que produce crear sin límites absurdos.

Y ahí, bien dobladita, al fondo de la caja, encuentro la suerte, la suerte de contar con unos clientes tan agradecidos, que convierten mi trabajo en un suma y sigue de momentos mágicos e inesperados, como la vida misma.

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