Fue
un día especial...
El
primero en llegar fue un Winnie the pooh algo soñoliento, que
disfrutó regalando caricias de oso a todo el que se le acercaba...
Le
siguió una princesa de las auténticas, de las que aparecen en los
cuentos y entró a clase como tal, con cierta timidez ante mis
palabras de asombro y con sus labios pintados, estaba radiante.
Poco
a poco fueron llegando los demás:
Un
pirata con su espada, impaciente por usarla y emprender la aventura.
Una
pareja de payasos, luciendo orgullosos sus pelucas
multicolor...mientras caminaban con cierta cautela...hoy aquí algo
va a pasar..veremos.
Dartacan
con su espadachín y su sombrero, y unas ganas locas de meter ruido:
¡Uno para todos y todos para uno!!
Una
Minnie de lo más dulce y silenciosa deseosa de recibir los halagos
oportunos...
y,
por último, Caperucita, pero no la que todos conocemos, sino la que
es capaz de cambiar el cuento al menor descuido,...no exagero si digo
que el lobo lo tendría realmente complicado...
Y por
puro apetecimento y porque la ocasión lo merecía, permanecimos
expectantes en la colchoneta recibiendo con asombro a cada nuevo
personaje que entraba por la puerta.
Todos
recibieron palabras bonitas y de admiración del resto de compañeros
y fue bonito ver como a todos nos gusta ser mirados.
No
podía desaprovechar ese ambiente recogido y afectuoso que se palpaba
en el aire, asique les dije a los niños que yo también quería
disfrazarme y me fui a buscar un disfraz...
Asombroso
el silencio que se creo segundos antes de que yo saliera a escena,
una y otra vez con diferentes atuendos, simulando personajes que se
me ocurrían sobre la marcha, de acuerdo a los ropajes que iba
encontrando en nuestro baúl de disfraces..., el silencio fue
progresivamente volviéndose jolgorio y alboroto, muchos me miraban
asombrados, otros reían a carcajadas, me iban haciendo propuestas:
¡de brujaaa, de brujaaaaa, de brujaaaaa!!!
Y así
fue como en menos de 10 minutos, fui un fantasma, un mariachi, una
bruja...y una princesa...
-¡Os
voy a convertir en piedra! Abra cadabra..pata de cabra...!!!
- No
tienes varita, no tienes varita! -les oía gritar entre divertidos y
asombrados por mi despiste.
-¡Ohhhh!!,
es verdad! ¿cómo se me ha podido olvidar mi varita? A ver....si
¡aquí está!
-Lo
mismo me ocurrió cuando me convertí en princesa, ¡¡no tenía
corona!!!
-Ohhh
noo! Soy una princesa sin corona, todas las princesas llevan corona,
¡qué puedo hacer!!, ohhh, ¡qué tristeza! no puedo ser princesa si
no tengo corona!!! contagiados por mi pena, me empezaron a llegar
ofertas: ¡toma, toma! A mi alrededor todo eran manos llenas de
objetos convertidos en bonitas coronas porque querían ver a la
princesa feliz....
-Ohhh,
gracias que bonitas coronas, ahora sí ¡ya soy una princesa de
verdad!!
y
ahora que estamos todos contentos...¿porqué no bailamos?
-Puse
un CD bailongo, de los que precisan desmelenarse y todos nos dejamos
llevar por la música y el afecto...y entre sonrisas, giros
imposibles, saltos, movimientos de cabeza, globos y montones de
cariños que flotaban en el aire, compartimos unos minutos
entrañables....
Si
hubiese entrado alguien por la puerta en ese momento no se que habría
pasado.... quizá la princesa que por fin tenía corona, habría
renegado del trono de repente...mientras, el resto de invitados
habrían seguido ajenos, libres, en movimiento....esa es la magia de
ser niño, que siguen creyéndose su papel hasta el final...
Aunque
también es posible que ese alguien se hubiese unido a nosotros,
contagiado por la magia del momento....ummm pudiera haber sido...
En
cualquier caso, el día solo había hecho que comenzar, nos esperaban
todavía otras sorpresas..., nos visitó el fotógrafo para
inmortalizar el momento y seguidamente ¡¡ la tele!! saludamos a
nuestros papás, dijimos nuestro nombre y de que íbamos
disfrazados...(algunos con más vocación televisiva que otros...)
Después
disfrutamos en el patio de un precioso y anticipado día primaveral
que lo recibimos como un auténtico regalo...
Cuando
ya consideramos las seños que habían descargado bastante energía,
les sorprendimos con un considerable banquete de gusanitos... ¡Ni
para una boda!
Ahí
ya no se oía nada...solo el ruido de los dientes al masticar,
dispersos entre cuatro mesas todos culminamos las mañana
compartiendo sonrisas y caras satisfechas...la alegría y el
bienestar se palpaba en el aire, realmente lo habíamos pasado bien.
...Y
después de esto...solo quedaba esperar a los papas...
.
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